Es probable que el pífano como lo conocemos actualmente haya llegado a Brasil probablemente de manos de los jesuitas y militares portugueses, siendo luego introducido a los indígenas. A los sertões, fue llevado por las poblaciones mestiizas, esto en la época de los 1500-1600. Actualmente existen cientos de bandas por Brasil, en gran parte compuestas por descendientes de los primeros tocadores de pífano, hace algunos siglos. Es interesante observar que el pífano fue introducido junto a la población por dos vías: la vía indígena, que viene de la época de la colonización, de la introducción del pífano por los indios, y tiene la segunda vía – en Minas, por ejemplo, donde está vinculado a los negros, sin ningún rasgo indígena y con un toque militar.

Hoy en día es posible encontrar bandas de pífanos en un gran número de ciudades del nordeste, norte de Minas, notablemente en el interior. En las capitales o en las grandes ciudades ya no se guarda la misma tradición. Estos grupos son conocidos por diversos nombres, dependiendo de la región donde actúan: Banda de Pífanos, Banda de Pife, Música de Pife, Zabumba, Cabaçal, Esquenta-Mulher, Banda de Negro, Terno, Banda de Couro (Goiás), Musga do Mato, Pipiruí ( Minas Gerais). Así como su denominación varía, la composición de esas bandas también tiene sensibles diferencias, pero básicamente están compuestas por dos pífanos, un surdo, un tarol y un bombo o zabumba.
Pueblos indígenas de Brasil fabricaban, y aún fabrican, flautas hechas con bambú taboca. Este es un instrumento que presenta una fuerte presencia entre las diversas etnias indígenas brasileñas. Otros países como Bolivia, Perú, Uruguay, México y Colombia, también presentan en su cultura musical, instrumentos de soplo idénticos a los pífanos brasileños, aunque con otros nombres. Además de estos, instrumentos muy parecidos se encuentran por todo el mundo, como las japonesas shinobue, nohkan y ryuteki, y la bansuri india.
“El sonido del pife vino del bosque. Vino del indio y fue pasando de generación en generación”. João do Pife, pifeiro de Caruaru
Novenas
Hay una relación de afinidad y dependencia entre las bandas de pífanos y ritos católicos, principalmente en época de novenas – encuentro para oraciones, realizado durante el período de nueve días, en devoción a la Santísima Trinidad, a la Virgen María, a ángeles o santos. En el Nordeste, las novenas ocurren prácticamente durante todo el año. Entre los más festejados, están San Sebastián, San José, San Antonio, Santa Lucía, Nuestra Señora de Lourdes.
El repertorio tocado son los benditos, las rezas, muchas veces acompañadas por beatas y devotos cantando en latín. En las novenas la banda es de gran importancia – desde el momento de la apertura, en la colocación del mástil de la bandera, hasta el final de los nueve días. Las fiestas religiosas ayudan en la salvaguarda de las bandas de pífanos y en el presupuesto familiar de los músicos. “Una novena sin banda de pife es casi un velorio”, dice José Cesário, de la banda Frei Damião, de Tabira, en el sertão, a 400 kilómetros de Recife.
Recientemente, el pífano dejó de tener connotación más religiosa y pasó a formar parte de otras manifestaciones. Se convirtió en el embrión de géneros musicales ligados al forró, está presente en bloques de carnaval y pasó a ser introducido en el mercado comercial de la música, ganando espacio a través de discos, CDs, vídeos, shows, medios digitales y etc.
Pifeiros
Yo hago pife, toco pife, vendo pife, como con el dinero del pife y después de viejo quedo pifado – João do Pife
El pifeiro es un músico autodidacta, sabe las músicas, las melodías oralmente, muchas de ellas creadas por él mismo, por otras bandas o por alguien que él conoce y sabe de oído. En general es miembro de una familia de pifeiros, o está dentro de una comunidad donde aprende de oído. Sus referencias son visuales y auditivas. Los componentes de las bandas son, en su mayoría, trabajadores rurales que se ocupan de la agricultura de subsistencia en su pequeña huerta. Son personas simples, que lidian con el campo, plantaciones, ganado, situados en un nivel social a veces menos favorecido. Pero esto no es una característica solo de los pifeiros porque también, antiguamente quienes tocaban en las bandas de música eran esclavos que hacían otros servicios y tocaban diversos instrumentos. De un tiempo para acá surgieron también los pifeiros urbanos que aprendieron el pífano por los discos, por los CDs y otros medios.

Algunos de los pifeiros más famosos son aquellos que forman parte de la historia ancestral de este instrumento. João do Pife, de la banda Dois Irmãos es un ícono de las bandas de pífanos en Brasil, ya tocó en más de 27 países. Según él:
el músico de pife, para convertirse en un maestro, tiene que hacer, tocar y enseñar todo sobre el instrumento.
Nacido en 1943, João do Pife aprendió a tocar y producir pífanos de bambú con su padre en la infancia, mientras trabajaba en la labranza, y mantiene aún hoy la Banda de Pífanos Dois Irmãos creada por su padre en 1928. Actualmente es maestro, enseña cómo construir el instrumento basado en medidas estándar, probablemente heredadas de sus ancestros. Esta práctica es orientada por una cultura oral, transmitida a sus discípulos. Sin embargo, esa experiencia acaba por no ser accesible y no propiciar una mayor propagación de este saber para un público más amplio.
Músicos como: Edmilson do Pífano (PE – Banda Flor de Taquary), Zé do Pífano (PE- Banda de Pífanos de Caruaru), Chau do Pife (AL) y Alfredo Miranda de Viçosa do Ceará (CE), Anderson do Pife de Caruaru (PE). Cuentan historias muy parecidas con la historia del Mestre João do Pife, donde el aprendizaje ocurrió cuando niño, pasado por sus ancestros y cuentan que el instrumento está presente en la cultura familiar hace generaciones.


Pero entre todos estos íconos de la música folclórica, una mujer fue personaje de fundamental importancia en la propagación del pífano en Brasil. Izabel Marques da Silva, más conocida como Zabé da Loca. Mujer que rompió todos los paradigmas relacionados a esa cultura que siempre fue predominantemente masculina. Su trabajo fue descubierto y reconocido por el resto del país cuando ella ya tenía 79 años (2003), pero Zabé comenzó tocando a los 10 años. Venida de una familia de agricultores y flautistas, aprendió el instrumento con su hermano. Para este pueblo acostumbrado a poner la mano en la tierra, y a entender los ciclos de la naturaleza, sus raíces son su base y la música es parte de esas raíces. Pifeira de cuerpo y alma, Zabé amaba tocar, bailar y divertirse, tocaba incluso en los ambientes que teóricamente eran prohibidos para las mujeres. Su firmeza y alegría eran tantas que nadie había de cuestionar. Para ella la vida era siempre perfecta y abundante, aun con todas las adversidades, no le sobraba tiempo para reclamar. A pesar de una enorme riqueza musical, y una alegría contagiosa, Zabé vivía una simplicidad que impresionaba incluso a sus comprovincianos sertanejos. La flautista entendía como nadie que se necesita poco para ser feliz. Tuvo 3 hijos de su único matrimonio y pronto quedó viuda, no siempre tenía comida para servir a los hijos. En un momento de su vida, su simple casita de barro fue destruida tras un temporal, entonces Zabé fue a vivir debajo de una piedra. Allí construyó su nueva casa y vivió durante decenas de años. De ahí viene el “Loca” de su nombre, denominación dada a ese tipo de habitación dentro de piedras. Esa simple casita dentro de una piedra se convirtió en el símbolo de esta mujer guerrera y fuera de su tiempo. Tras ser descubierta, la artista viajó por todo el país llevando su arte y a los 85 años recibió el Premio Revelación de la Música Brasileña. Zabé da Loca vivió hasta los 93 años (2017), y aún encantaba a todo el Cariri con su alegría.

El Pife en la actualidad
El interés por el bello y exótico sonido del pife viene creciendo. El renombrado multi-instrumentista Carlos Malta modernizó las bandas de pífanos con su trabajo “Pife Muderno” llevando esa musicalidad del Nordeste hacia Río de Janeiro. Carlos Malta tocó mucho tiempo con Hermeto Pascoal que es alagoano, y que lo influenció mucho. También en Río, tenemos el bloque “Tupife” que lleva toda la alegría, teatralidad y magia de la cultura folclórica del Nordeste al carnaval carioca. En Botucatu, São Paulo, el movimiento del Pife es hecho por Zé Cláudio, teniendo también el Bloco de Pífanos que mueve el Carnaval Paulistano. En Campinas, Carlos Valverde es quien hace el rescate de esa cultura. En Minas Gerais tenemos el grupo Cataventoré, tiene el grupo “Cor de Fubá” y en Uberlândia hay otro grupo llamado “Pifarinha”, que llegó a grabar un CD. Más hacia el sur, se tiene noticias de pifeiros en Paraná y en Rio Grande do Sul. El Pífano parece estar propagándose por todo el país.
La hechura del instrumento también fue sufriendo actualizaciones. El instrumento que en la cultura del Norte y de los indígenas originalmente era hecho de taboca, planta de la familia del bambú. Y que por algunas culturas puede haber sido hecho incluso de huesos, hoy también ya puede ser encontrado de aluminio y de PVC.

Un poco más sobre su historia
Las bandas de pífano están compuestas por instrumentos de soplo y percusión, pero esta definición parece haber comenzado a partir de los años 60, pues hasta esa época eran denominadas Zabumba o Cabaçal. El nombre banda probablemente fue una influencia de las bandas de rock que se iniciaron en la década de los 60. Las informaciones bibliográficas sobre el surgimiento de las bandas de pífano en Brasil son pocas y contradictorias. Determinados autores sostienen el origen europeo de esas formaciones, otros el africano y otros afirman que son oriundas del medio indígena.
Parece que la palabra pífano viene del alemán: Pfifer, que en esta lengua quiere decir silbido. Lo que corrobora el origen europeo de este instrumento, existen también pífanos en Francia y en Inglaterra (en la música militar).
En la Larousse, Enciclopedia de la música, también encontramos mención a la existencia de los pífanos en la Antigüedad europea:
En Francia los instrumentos de soplo formaron parte de la constitución de la Gran Caballería. Apropiándose de instrumentos de soplo de metal como de madera, ellas estaban compuestas por oboes, fagotes, crumhorns, gaitas de fuelle, pífanos y tambores, trompetas. Nosotros pudimos averiguar que algunos de estos instrumentos fueron usados en la coronación de Luis XIV, y en la nave de la catedral ellos probablemente ejecutaron una sonoridad espléndida.
También podemos averiguar el origen portugués de los pífanos:
Los pastores, cuando andan a guardar el ganado, traen siempre una pequeña flauta a la que en la Beira-alta se llama pífaro (pífano). Esas flautas en algunas tierras de Trás-os-Montes, donde se llaman fraitas, son muy bien grabadas. (Melo, 1882, p.238).
Relata una observación in loco, que realizó en la Serra da Estrela, en Portugal, el día cuatro de septiembre de 1916:
Junto a la barraca estaban dos pastores, (…). Uno de los pastores toca pífano y otro sentado en el suelo, atento a la música del compañero. (Melo, 1927, p.181).
Describe también el uso del mimbre, una especie de caña o bambú, para la fabricación de los pífanos:
(…), por ejemplo, en el Barco (Fundão) [región de Portugal] son de mimbre, perforado con hierro caliente” (Oliveira, 1966, p.184). Aún hablando sobre los pífanos, Oliveira cita su uso junto a la percusión: (…), en el cuerpo se sitúan los agujeros, en número variable conforme las regiones: en el Norte y en el Este trasmontano, designadamente en Tierras de Miranda, y en la franja alentejana alemguardiana, ellas tienen normalmente tres agujeros, dos en la cara superior y uno en la inferior, y se sostienen y tocan con una sola mano. Este tipo es así el único que permite el toque simultáneo del tamboril y de la flauta por la misma persona. (…) (Oliveira, 1966, p.183).

Podemos deducir que el pífaro fue utilizado en Brasil desde el inicio de la colonización y muchas veces acompañado por instrumentos de percusión. Notamos también su utilización por indios y negros, pueblos que formaron la población brasileña. En cuanto a su probable origen negro, además de la observación obvia sobre la amplia utilización de la percusión por los pueblos del África negra, Abelardo Duarte se refiere a un artículo de la revista portuguesa Panorama denominado “Teatro Medieval en Santo Tomé y Príncipe”, en el cual su autor, Fernando Reis, hace la descripción de la orquesta que acompaña el citado auto:
La orquesta está constituida por tres hábiles tocadores de flauta de bambú, por dos o tres tocadores de sucalo o sucaia – corruptela de sonajero (…). (Duarte, 1974, p.122).
Esta Orquesta africana con formación muy similar a las bandas de pífano, nos hace reflexionar sobre ese probable parentesco. No podemos afirmar específicamente si el origen es de un determinado país, región o grupo cultural. Los conjuntos portugueses de percusión y flautas rústicas; el uso, por indígenas brasileños, y las flautas de caña y hueso y membranófonos de la tradición africana nos proporcionan características presentes en los conjuntos cabaçales (bandas de pife). Sin embargo, lo más sensato sería decir que elementos de esas tres culturas musicales se amalgamaron y formaron los conjuntos cabaçales de Brasil, dejando claro que la flauta está íntimamente relacionada a nuestro pueblo y a toda nuestra mezcla cultural.

Referencias:
- Pife Brasileiro
- Investigaciones sobre el Pife
- Bandas de Pífano
- Rede Brasil
- BANDA DE PÍFANOS DE CARUARU Un análisis musical – Tesis de Maestría de Carlos Eduardo Pedrasse para la UNIVERSIDADE ESTADUAL DE CAMPINAS – INSTITUTO DE ARTES



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